April 7, 2019
Bearing fruit in the Lord
I grew up on a small farm midway between Abilene and Chapman. We raised chickens, a few cows, sheep, a goat, lots of dogs and cats, my pet goose, and some 500 hogs. I took care of the pigs (the four-legged kind, as well as my two younger brothers!). The miracle of the Lord’s creation: a sow giving birth to a dozen piglets! Bearing great fruit.
I also remember baling a lot of hay. We had a few acres of alfalfa. My older brother and I stacked 60-pound bales by hand in those days. Seeds, earth, water, sun, all combined to produce God’s abundant fruit.
Jesus said: “Just as a branch cannot bear fruit on its own unless it remains on the vine, so neither can you unless you remain in me” (John 15:4). Our Lord used many examples from nature to illustrate His loving presence in our lives. We wish to remain with Jesus, to abide in Him, to be embraced by Him. When we accept this loving presence, we will bear fruit in our relationships with God and one another.
As we continue our Lenten journey, let us trust in our Savior, that we may bear fruit. For example, to reconcile with a family member, to make a further commitment to tithing or alms, to increase time each day in prayer, or to reduce “screen time” in an act of fasting. Let us remain in Jesus, He loves us more than we can ask or imagine!
Dar fruto en el Señor
Crecí en una pequeña granja a medio camino entre Abilene y Chapman. Criábamos pollos, algunas vacas, ovejas, una cabra, muchos perros y gatos, mi ganso mascota y unos 500 cerdos. Me ocupaba de los cerdos (los de cuatro patas, ¡así como de mis dos hermanos menores!). El milagro de la creación del Señor: ¡una cerda que da a luz a una docena de lechones! Dar muchos frutos.
También recuerdo haber empacado mucho heno. Teníamos unos cuantos acres de alfalfa. Mi hermano mayor y yo apilábamos balas de 60 libras a mano en aquellos días. Semillas, tierra, agua, sol, todo combinado para producir el fruto abundante de Dios.
Jesús dijo: “Así como el sarmiento no puede dar fruto por sí solo si no permanece en la vid, así tampoco ustedes si no permanecen en mí” (Juan 15,4). Nuestro Señor usó muchos ejemplos de la naturaleza para ilustrar su presencia amorosa en nuestras vidas. Deseamos permanecer con Jesús, permanecer en Él, ser abrazados por Él. Cuando aceptamos esta presencia amorosa, daremos fruto en nuestras relaciones con Dios y con los demás.
Mientras continuamos nuestro camino cuaresmal, confiemos en nuestro Salvador, para que podamos dar fruto. Por ejemplo, reconciliarse con un miembro de la familia, hacer otro compromiso con el diezmo o la limosna, aumentar el tiempo de oración cada día, o disminuir el “tiempo frente a la pantalla” en un acto de ayuno. Permanezcamos en Jesús, ¡Él nos ama más de lo que podemos pedir o imaginar!
