The Lost Son
“While he was still a long way off, his father caught sight of him, and was filled with compassion. He ran to his son, embraced him and kissed him” (Luke 15:20).
What a homecoming! A blessed reconciliation! Extraordinary unconditional love!
Jesus’ parable of the Prodigal Son is my favorite scripture, and the source of my episcopal motto “Filled with Compassion.” The Gospel from last weekend was truly an expression of Evangelization with Joy.
What does the word “evangelization” bring to mind? What does it mean to “evangelize?” I first think of the missionaries many centuries ago bringing the Word of God to peoples in far-off lands, like the Jesuit missionaries. Or I imagine the ministry of the Pope traveling the globe for World Youth Day, sharing the Good News of Jesus Christ with young people.
The story of the Lost Son also expresses evangelization. The younger son was on his own path of selfishness and pleasure-seeking. “Coming to his senses,” he realized he needed to return to his home and confess to his father. The father concretely shared the teaching of Jesus by showing compassion and forgiveness. The father was evangelizing his son by showing him God’s path: the call to holiness is the way of reconciliation and unconditional love.
Note that this evangelization is never completed until the heavenly kingdom is reached. For example, Jesus does not say that the prodigal son apologized (he just confessed). We pray that we continue to listen to the Lord’s prompting to take the next step in our evangelical journey, in our own life and for others.
Let us truly evangelize, sharing Jesus’ example with others. Let us be evangelized, by receiving the joy of the Gospel from others. Jesus will help us: He loves us more than we can ask or imagine!
El Hijo Perdido
«Estaba aún lejos, cuando su padre lo vio y sintió compasión; corrió a echarse a su cuello y lo besó». (Lucas 15,20).
¡Qué regreso a casa! ¡Una bendita reconciliación! ¡Un amor incondicional extraordinario!
La parábola de Jesús del Hijo Pródigo es mi escritura favorita, y la fuente de mi lema episcopal «Lleno de Compasión». El Evangelio del fin de semana pasado fue verdaderamente una expresión de Evangelización con Alegría.
¿Qué nos trae a la mente la palabra «evangelización»? ¿Qué significa «evangelizar»? Pienso primero en los misioneros que hace muchos siglos llevaron la Palabra de Dios a los pueblos de tierras lejanas, como los misioneros jesuitas. O imagino el ministerio del Papa viajando por el mundo para la Jornada Mundial de la Juventud, compartiendo la Buena Nueva de Jesucristo con los jóvenes.
La historia del Hijo Perdido también expresa la evangelización. El hijo menor estaba en su propio camino de egoísmo y búsqueda de placer. «Recapacitando», se dio cuenta de que necesitaba volver a su casa y confesar a su padre. El padre compartió concretamente la enseñanza de Jesús mostrando compasión y perdón. El padre estaba evangelizando a su hijo mostrándole el camino de Dios: la llamada a la santidad es el camino de la reconciliación y del amor incondicional.
Nótese que esta evangelización nunca se completa hasta que se alcanza el reino celestial. Por ejemplo, Jesús no dice que el hijo pródigo se disculpó (sólo confesó). Oramos para que sigamos escuchando el llamado del Señor a dar el paso siguiente en nuestro camino evangélico, en nuestra propia vida y por los demás.
Evangelicemos verdaderamente, compartiendo el ejemplo de Jesús con los demás. Seamos evangelizados, recibiendo la alegría del Evangelio de los demás. Jesús nos ayudará: ¡Él nos ama más de lo que podemos pedir o imaginar!
