Have you ever felt “dead?” Possibly seriously ill, or rejected by family/friends, or in the grip of some sin? Who/What brought you to life?
Have you ever felt “lost?” Maybe confused about a career path, or not knowing how to reconcile a relationship, or your spiritual life in disarray? Who/What led you to find your way?
Our Gospel today for the 24th Sunday in Ordinary Time is Jesus’ parable of The Lost Son (The Prodigal Son), Luke 15:11-32. This is my favorite Gospel, and I got my episcopal motto from it: “filled with compassion.” The parable has three main characters:
The younger son: He was figuratively dead due his sinful choices. He was lost because of his greed, ego, and lust. Only by recognizing and admitting his sin did he come alive again.
The older son: He was figuratively dead due to being unforgiving. He was lost because he, though obedient, was angry and would not accept his brother back. I often wonder what became of the older son.
The father: He felt a longing for his son to return. The father embraced and forgave his errant son. His forgiveness, love and compassion were unconditional and complete.
At times, I am like the younger son; at times like the older son. I strive to be like the father, with God’s help. The Lord will assist us when we feel dead or lost. Let us come to life with Jesus’ touch after feeling dead. May we be found by the Lord after feeling lost. Let us be nourished by His Sacraments, especially Confession and Eucharist. Jesus will help us, He loves us more than we can ask or imagine! + Bishop John


Muerte a la vida; Perdido para encontrar

Alguna vez te has sentido “muerto”? ¿Posiblemente gravemente enfermo, o rechazado por familiares/amigos, o bajo las garras de algún pecado? ¿Quién/Qué te trajo a la vida?
¿Alguna vez te has sentido “perdido”? ¿Quizás confundido acerca de una carrera profesional, o sin saber cómo reconciliar una relación, o tu vida espiritual en desorden? ¿Quién/Qué te llevó a encontrar tu camino?
Nuestro Evangelio de hoy para el Domingo 24 del Tiempo Ordinario es la parábola de Jesús del Hijo Perdido (El Hijo Pródigo), Lucas 15:11-32. Este es mi Evangelio favorito, y de él saqué mi lema episcopal: “llenos de compasión”. La parábola tiene tres personajes principales:
El hijo menor: estaba figurativamente muerto debido a sus elecciones pecaminosas. Estaba perdido debido a su codicia, ego y lujuria. Sólo reconociendo y admitiendo su pecado volvió a vivir.
El hijo mayor: en sentido figurado estaba muerto debido a que no perdonó. Estaba perdido porque, aunque obediente, estaba enojado y no aceptaba a su hermano de vuelta. A menudo me pregunto qué fue del hijo mayor.
El padre: sentía un anhelo de que su hijo volviera. El padre abrazó y perdonó a su hijo errante. Su perdón, amor y compasión fue incondicional y completo.
A veces, soy como el hijo menor; a veces como el hijo mayor. Me esfuerzo por ser como el padre, con la ayuda de Dios. El Señor nos asistirá cuando nos sintamos muertos o perdidos. Volvamos a la vida con el toque de Jesús después de sentirnos muertos. Que el Señor nos encuentre después de sentirnos perdidos. Aliméntate de Sus Sacramentos, especialmente de la Confesión y la Eucaristía. ¡Jesús nos ayudará, nos ama más de lo que podemos pedir o imaginar!
+ Obispo Juan