The following is Part III of a series.
The Samaritan woman at the well in the Gospel for the 3rd Sunday of Lent (John 4) is yearning for a change, to draw closer to God, for conversion. This expresses another name for the sacrament: the Sacrament of Conversion. As Pope St. John Paul II taught: “With regard to penance this message emphasizes particularly its value for conversion, which is the term that attempts to translate the word in the Greek text, metanoia, which literally means to allow the spirit to be overturned in order to make it turn toward God” (Reconciliation and Penance, #26).
Jesus preached to the woman: “The water I shall give will become in him a spring of water welling up to eternal life” (John 4:14). The water He was giving her was not just earthly water, fresh from a flowing stream. Jesus was giving Himself, a Living Water that will change her now, and refresh her for eternity. “Many of the Samaritans of that town began to believe in him because of the word of the woman who testified” (John 4:39). We should all want this living water, leading us to conversion, drawing us closer and closer to Christ.
This Lent, may we celebrate this sacrament: of Confession, Reconciliation, Conversion, Penance and Forgiveness. This will lead us to the joy of Easter and beyond. Our Eucharistic Lord “entrusts to the Apostles the mission of proclaiming the Kingdom of God and preaching the Gospel of conversion (cf. Mark 16:15; Matthew 28:18-20)” (Misericordia Dei, Pope St. John Paul II). Let us trust in Jesus our Savior for this conversion, He loves us more than we can ask or imagine!
+ Bishop John
Conversión: Mira hacia Dios
La siguiente es la parte 3 de una serie.
La mujer samaritana junto al pozo del Evangelio del tercer domingo de Cuaresma (Juan 4) anhela un cambio, un acercamiento a Dios, una conversión. Esto expresa otro nombre para el sacramento: el Sacramento de la Conversión. Como enseñó el Papa San Juan Pablo II: Este mensaje subraya en la penitencia ante todo su valor de conversión, término con el que se trata de traducir la palabra del texto griego metánoia, que literalmente significa cambiar radicalmente la actitud del espíritu para hacerlo volver a Dios. (Reconciliación y Penitencia, #26).
Jesús predicó a la mujer: “El que beba del agua que yo le daré nunca volverá a tener sed” (Juan 4:14). El agua que Él le estaba dando no era simplemente agua terrenal, fresca de un arroyo que fluía. Jesús se estaba dando a Sí mismo, Agua Viva que la cambiará ahora y la refrescará por la eternidad. “Muchos d samaritanos de aquel pueblo creyeron en él por las palabras de la mujer, que declaraba” (Juan 4:39). Todos debemos desear esta agua viva, que nos lleve a la conversión, que nos acerque cada vez más a Cristo.
Que esta Cuaresma celebremos este sacramento: de la Confesión, la Reconciliación, la Conversión, la Penitencia y el Perdón. Esto nos llevará a la alegría de la Pascua y más allá. Nuestro Señor Eucarístico “encomienda a los Apóstoles la misión de anunciar el Reino de Dios y predicar el Evangelio de la conversión (cf. Marcos 16,15; Mateo 28,18-20)” (Misericordia Dei, Papa San Juan Pablo II). Confiemos en Jesús nuestro Salvador para esta conversión, ¡Él nos ama más de lo que podemos pedir o imaginar!
+ Obispo John
