MERCY

The world seems to crave vengeance.  In our personal relationships, we may wish someone to “get what’s coming to him.”  Some of our politicians pounce on each other with vulgar insults and mocking rhetoric.  Even the Old Testament describes “an eye for an eye.”

What a contrast:  St. Faustina described the grace-filled Sacrament of Reconciliation: “Here the misery of the soul meets the God of mercy.”  Yes, there is mercy in our world, profoundly received from our Savior in the gift of Confession. In the Sacrament of Penance, we realize our weakness, and trust in God’s Forgiveness.  St. John Paul II calls it the Sacrament of Conversion.  Yes, five names for this Sacrament of Mercy.  As we seek healing from our sins, Jesus grants pardon because He loves us.

Yes, sin leaves us in misery, it hurts us.  Sin wounds us.  I often describe sin this way:  Have you ever had a bad cut on your hand that was infected?  It swells, throbs, causes pain.  You may, in fear of a possible worse pain, not want to deal with your cut.  Finally you go to a doctor, who lances the wound, cleans and medicates it, stitches it up.  Finally, the healing can begin.  The pain subsides.

At times, we are ashamed of our sin and avoid the healing touch of Jesus.  We avoid or postpone the Sacrament of Penance.  We suffer in our despair.  Let us ask the Lord of Mercy to give us the strength to go to confession.  We have gentle confessors in our diocese.  I, your bishop, beg your forgiveness if you have been less than compassionately treated by a priest in a confession here in the diocese or elsewhere.  I am sorry.

Please give it another try.  I would be glad to assist you.  For example, I have designed “Reconciliation Cards” to help: http://www.dcdiocese.org/bishop-john-b-brungardt/reconciliation-cards.  Print front/back and cut length-wise.  There are different cards for four age groups: children (see Page 6), middle school, youth, and adults.  Included is an Examination of Conscience, an Act of Contrition (you may use any version), and three of my favorite scripture verses of “letting go” of our sins after absolution is given:

“You will cast into the depths of the sea all our sins” (Micah 7:19).

“As far as east is to the west, so far has he put our transgressions from us” (Ps103:12).

“For I will forgive their evildoing and remember their sins no more” (Hebrews 8:12).

Yes, Jesus is the Lord of Mercy.  Let us go to Him in the Sacrament of Forgiveness.  Let us be touched by his Healing Grace.  Our Merciful Lord loves us more than we can ask or imagine!

 

La misericordia

El mundo parece ansiar la venganza.  En nuestras relaciones personales, podemos desear que alguien «sea castigado según lo merece».  Algunos de nuestros políticos se abalanzan los unos sobre los otros con insultos vulgares y retórica burlona.  Incluso el Antiguo Testamento describe “ojo por ojo”.

¡Qué contraste!:  Santa Faustina describió el Sacramento lleno de gracia de la Reconciliación: «Aquí la miseria del alma se encuentra con el Dios de la misericordia». Sí, hay misericordia en nuestro mundo, profundamente recibida de nuestro Salvador en el don de la Confesión.   En el Sacramento de la Penitencia, nos damos cuenta de nuestra debilidad, y confiamos en el Perdón de Dios.  San Juan Pablo II lo llama el sacramento de la conversión. Sí, cinco nombres para este Sacramento de la Misericordia.  Cuando buscamos la curación de nuestros pecados, Jesús nos concede el perdón porque nos ama.

Sí, el pecado nos deja en la miseria, nos hace mal.  El pecado nos hiere.  A menudo describo el pecado de esta manera:  ¿Alguna vez se cortó la mano y la cortadura se infectó?  Se hincha, palpita, causa dolor.  Es posible que, temiendo un posible dolor aún peor, no quiera encargarse de esa cortadura.  Finalmente usted va a ver al médico, que sana la herida, la limpia y la remedia, y le pone puntos de sutura.  Finalmente, la curación puede comenzar.  El dolor disminuye.

A veces, nos avergonzamos de nuestro pecado y evitamos el toque sanador de Jesús.  Evitamos o pospomos el Sacramento de la Penitencia.  Sufrimos en nuestra desesperación.  Pidamos al Señor de la Misericordia que nos dé la fuerza para ir a la confesión.  Tenemos confesores amables en nuestra diócesis.  Yo, vuestro obispo, les pido su perdón si han sido con poca compasión por un sacerdote en una confesión aquí en la diócesis o en otro lugar.  Lo siento.

Por favor, denle otra oportunidad.  Yo estaría encantado de ayudarles.  Por ejemplo, he creado las «Tarjetas de la Reconciliación» como ayuda: http://www.dcdiocese.org/bishop-john-b-brungardt/reconciliation-cards. Imprima la parte delantera y trasera y corte en sentido longitudinal.  Hay diferentes tarjetas para cuatro grupos de edades: niños, escuela secundaria, jóvenes y adultos.  Se incluye un examen de conciencia, un acto de contrición (puede usar cualquier versión), y tres de mis textos bíblicos favoritos de «abandono» de nuestros pecados después de haber recibido la absolución:

 

«Arrojará al fondo del mar todos nuestros pecados» (Miqueas 7,19).

«Como dista la aurora del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos» (Salmo 103,12).

«Porque yo perdonaré sus culpas y olvidaré sus pecados» (Hebreos 8,12).

Sí, Jesús es el Señor de la Misericordia.  Vayamos a Él en el Sacramento del Perdón.  Dejémonos tocar por su Gracia sanadora.  ¡Nuestro Señor Misericordioso nos ama más de lo que podemos pedir o imaginar!