‘Be a Man!’

“Be strong and be a man!” (1 Kings 2:2).  Bishop Thomas Olmsted of Phoenix has written an apostolic exhortation to the men of his diocese, encouraging them to “engage in the battle that is raging around you.”  This battle is a spiritual one that is “progressively killing the remaining Christian ethos in our society and culture, and even in our own homes.  His teaching “Into the Breach” can be found at: www.intothebreach.net/into-the-breach. (for Spanish, click on “Firme en la Brecha”)

Bishop Olmsted, my formation director, then rector at my seminary, and later my bishop in Wichita, gives “an encouragement, a challenge, and a calling forth to mission for every willing man..: priests and deacons, husbands, fathers and sons, grandfathers and widowers, young men in preparation for your vocation – that is, each and every man.”  He addresses “three primary questions:

1.  What does it mean to be a Christian man?

2.  How does a Catholic man love?

3.  Why is fatherhood, fully understood, so crucial for every man?”

Bishop Olmsted places his remarks in three contexts: the new evangelization, “a field hospital and a battle college” (taking from Pope Francis), and “man and woman are complementary, not competitors.”

Our fundamental identity as men is not found in money, power, material things, sports, or hobbies, but in imitating Christ: “We look to our Savior to be transformed in Him, to be the men we are called to be, and to let others see Him in us.”  We can encounter Jesus in the Eucharist in Holy Mass, as “we receive the very gift of Himself .”  Many saints guide us by their lives as actual men who strove for holiness: St. Joseph, St. Paul, St. Francis of Assisi, Blessed Pier Giorgio, Pope St. John Paul II, and many others.  Bishop Olmsted compares our temptations today to the temptations offered by satan to Jesus: passions of the flesh, materialism, pridefulness.  Jesus turned away from all these false paths, and we men can also, with God’s grace.

What do we do to “get/keep in shape” for these spiritual battles?  Bishop Olmsted encourages us to “pray every day, examine your conscience before going to sleep, go to Mass, read the Bible, keep the Sabbath, go to confession, and build fraternity with other Catholic men.”  Let us re-dedicate ourselves to these practices, and encourage our brothers/sons/nephews/grandsons to do the same.

Masculine love is the second main point.  Bishop Olmsted begins with the authentic meaning of love, not the false meaning society gives.  We are called to “love one another as I have loved you” (John 15:12), that is, unto death.  We men are not called to be pampered little boys or hedonists, but called to sacrifice for our wives, children, parishioners, and society, as Jesus sacrificed for us.  Bishop Olmsted describes the “three masculine loves: as friend, husband, and father.”

The third main question addressed is about genuine fatherhood, essential for all men.  Both Pope St. John Paul and Pope Francis have helped enlighten us about true fatherhood, a topic that was taken for granted for much of history.  Bishop Olmsted exhorts us to “step up and lovingly, patiently take up your God-given role as protector, provider, and spiritual leader of your home.  A father’s role as spiritual head of the family must never be understood or undertaken as domination over others, but only as a loving leadership and a gentle guidance for those in your care.”  The spiritual fatherhood of our priests and me is similar.

I encourage all men to read Bishop Olmsted’s excellent work.  I challenge the Knights of Columbus and other men’s groups (formal or informal) to use “Into the Breach” as a study document, meeting regularly to discuss, apply, and assist each other to be accountable.  Thank you.  Let us step up!, let us be men!, let us follow Jesus in sacrifice and dedication to our Catholic Faith, our families, and our community.  Jesus, God made man, will help us, He loves us more than we can ask or imagine!

 

¡Sé un hombre!

“Sé fuerte y sé un hombre!” (1 Reyes 2,2).  Mons. Thomas Olmsted, obispo de Phoenix escribió una exhortación apostólica a los hombres de su diócesis, animándoles a “participar en la batalla que se está librando en torno a ustedes”.  Esta batalla es espiritual, y está “matando progresivamente el ethos cristiano que queda en nuestra sociedad y cultura, e incluso en nuestros propios hogares”.  Su enseñanza “Into the breach” se puede encontrar en: intothebreach.net/into-the-breach/ (para español, haga clic en “Firme en la Brecha”)

Mons. Olmsted, mi director de formación y luego mi rector en el seminario, y después mi obispo en Wichita, da “un estímulo, un desafío y una llamada a la misión para cada hombre que esté dispuesto...: sacerdotes y diáconos, esposos, padres e hijos, abuelos y viudos, hombres jóvenes en preparación para su vocación, es decir, todos y cada uno de los hombres”. Aborda “tres cuestiones principales:

1.  ¿Qué significa ser un hombre cristiano?

2.  ¿Cómo ama a un hombre católico?

3. ¿Por qué la paternidad, plenamente comprendida, es tan crucial para todoslos hombres?”.

Mons.  Olmsted coloca sus observaciones en tres contextos: la nueva evangelización, “un hospital de campaña y un colegio de batalla” (tomado del Papa Francisco), y “el hombre y la mujer son complementarios, no competidores”.

¡Sé un hombre!

Nuestra identidad fundamental como hombres no se encuentra en el dinero, el poder, las cosas materiales, los deportes o pasatiempos, sino en imitar a Cristo: “Miramos a nuestro Salvador para ser transformados en Él, para ser los hombres que estamos llamados a ser, y para hacer que los demás lo vean en nosotros”.  Podemos encontrar a Jesús en la Eucaristía en la Santa Misa, cuando “recibimos el mismo don de Él mismo”.  Muchos santos nos guían por sus vidas como hombres reales que se esforzaron por la santidad: San José, San Pablo, San Francisco de Asís, el Beato Pier Giorgio, el Papa San Juan Pablo II, y muchos otros.  Mons. Olmsted compara nuestras tentaciones de hoy con las tentaciones ofrecidas por Satanás a Jesús: las pasiones de la carne, el materialismo, la arrogancia.  Jesús se apartó de todos estos falsos caminos, y nosotros, los hombres podemos también, con la gracia de Dios.

¿Qué hacemos para “estar/permanecer en forma” para estas batallas espirituales?  Mons. Olmsted nos anima: “recen todos los días, examinen su conciencia antes de ir a dormir, vayan a misa, lean la Biblia, guarden el sábado, vayan a la confesión, y construyan la fraternidad con otros hombres católicos”.  Volvamos a consagrarnos a estas prácticas, y animemos a nuestros hermanos / hijos / sobrinos / nietos a hacer lo mismo.

El amor masculino es el segundo punto principal.  Mons. Olmsted comienza con el sentido auténtico del amor, no el sentido falso que le da la sociedad.  Estamos llamados a “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” (Juan 15, 12), es decir, hasta la muerte.  Nosotros, los hombres no estamos llamadas a ser niños pequeños mimados o hedonistas, sino que estamos llamados a  sacrificarnos por nuestras esposas, hijos, feligreses, y la sociedad, como Jesús se sacrificó por nosotros.  Mons. Olmsted describe los “tres amores masculinos: como amigo, esposo y padre”.

La tercera cuestión principal abordada trata de la verdadera paternidad, esencial para todos los hombres.  Tanto el Papa Juan Pablo II como el Papa Francisco nos han ayudado a iluminarnos sobre la verdadera paternidad, un tema que fue dado por sentado durante gran parte de la historia.  Mons. Olmsted nos exhorta a “dar un paso adelante y con amor y paciencia asumir su papel dado por Dios como protector, proveedor y líder espiritual de su hogar.  El papel de un padre como cabeza espiritual de la familia nunca debe ser entendido o emprendido como dominación sobre los demás, sino sólo como un liderazgo amoroso y una orientación suave para aquellos bajo su cuidado”.  La paternidad espiritual de nuestros sacerdotes y mía es similar.

Animo a todos los hombres a leer el excelente trabajo de Mons. Olmsted.  Desafío a los Caballeros de Colón y otros grupos de otros hombres (formales o informales) a utilizar “Firme en la brecha” como documento de estudio, a reunirse regularmente para conversar, aplicar y asistirse mutuamente para ser responsables.  Gracias.  ¡Progresemos!; ¡seamos hombres!, sigamos a Jesús en el sacrificio y la dedicación a nuestra fe católica, nuestras familias y nuestra comunidad.  Jesús, Dios hecho hombre, nos ayudará, ¡Él nos ama más de lo que podemos pedir o imaginar!