At that moment on Calvary when he gave his Mother to John, he also gave her to be Mother of us all.

That’s why we pray to her, and this means that we ask her to pray for us.  We do this for all kinds of things, of course, but especially for Grace, which is what matters most to her (matters most to us, too, even if we do not always recognize it).  St. Pius X called her the first steward in the dispensing of Grace.

Note well what this means.  Jesus Christ alone redeemed us, to be sure.  Only a God-Man could do so.  But it was part of his plan that the application of that Redemption to each individual should be shared by fellow members of the Catholic family, and, indeed, of the human race.

You and I are not meant to be recipients of Redemption only.  Still less are we meant to be mere spectators at Redemption.  Like Mary, we too are called to be stewards of the dispensing of Grace.  We do this through our love, through our prayer (especially the Mass), and through our suffering.

With Christ and in Christ, we are called upon to take a real part in redeeming others, are called upon in that sense to be co-redeemers with the Redeemer.  The Lord remains the only Mediator, but that does not make our prayer for others unnecessary.  Rather, it makes our prayer for others effective.

It gives it weight.  It gives it bite.  It sweeps us up into his very work of Redemption.  It makes His work our work.

---------------------

En ese momento en el Calvario cuando le entrego a su Madre a Juan, también nos la entrego para que fuera Madre de todos.

Por eso le rezamos, y eso quiere decir que le pedimos que ella ore por nosotros.  Hacemos esto por todo tipo de razones, pero por supuesto, especialmente por la Gracia, que es lo que más le importa  a ella (también es lo que más nos importa a nosotros, aunque en ocasiones no lo reconocemos).  San Pio X la llamo la primera que compartió en la repartición de Gracia.

Debemos reconocer lo que esto significa.  Solo Jesucristo nos redimió, para ser más exactos.  Solamente un Dios-Hombre lo podía hacer.  Pero era parte de su plan que la Redención para cada persona fuera compartida por miembros de la familia Católica, y en verdad, de la raza humana.

Tu y yo no solo somos llamados a recibir la Redención.  Y aun menos somos llamados a ser solo espectadores de la Redención.  Como Maria, también somos llamados a compartir en la repartición da la Gracia.  Hacemos esto por medio del amor, por medio de nuestra oración (especialmente la Misa), y por medio de nuestro sufrimiento.

Con Cristo y en Cristo, estamos llamados a formar una parte real en la redención de los demás, somos llamados en ese sentido a compartir la redención de los demás con el Redentor.  El Señor sigue siendo el único Mediador, pero eso no hace que nuestra oración por los demás no sea necesaria.  En realidad, hace nuestra oración por los demás más efectiva.

Le da peso.  Le agrega algo más.  Nos levanta hacia su propio trabajo de Redención.  Hace que Su trabajo sea el nuestro también.