‘Never let evil talk pass your lips’
In Advent we await the coming of the Word. We look for it. We long for it. We are helped by it, and healed by it, and set free by it. Some of our own words are less than helpful, however, as we have seen in reflecting on detraction and backbiting. There is one more unhelpful way that is particularly insidious.
Another sinful use of speech is tale-bearing, a light-weight word for such a heavy-weight thing. It is similar to detraction, for it seeks to dishonor a person. It is similar to backbiting, for it seeks to destroy another’s good name, and to do it in secret. What makes it worse than these is that it does so with those who are close friends of the other person.
It strikes at what we need most, friendship. We are made for communion; thus we need spouse and family, acquaintances and associates, and especially friends. We need those who know us well, those who are drawn into our personal lives, those who see us at home and unbuttoned, those who give us a more unconditional love. Tale-bearing crashes into these delicate relationships, and smashes them right and left. It is the bull in the china shop.
Curse the whisperer and deceiver, the Book of Sirach says, he has destroyed many who were at peace (28:13). He is cursed indeed, this malevolent one with poison on his lips, because friends are a higher good even than honor or good name. We cannot be whole without friends. Only a really twisted, hateful, man would spread tales meant to divide friends. His motivation is beyond our understanding.
We can thus end where we began some weeks ago. We can end with St. Paul. Never let evil talk pass your lips: say only the good things men need to hear, things that will really help them (Ephesians 4:29). Only the good things. Then our words too will help, and will heal, and will set others free.
+ Most Rev. Ronald M. Gilmore
Bishop of Dodge City
‘No permitan que salga de vuestra
boca ninguna palabra mala’
En el Adviento esperamos la venida de la Palabra. La buscamos. Estamos anciosos por ella. Somos ayudados por ella, y sanados por ella, y liberados por ella. Alguna de nuestras propias palabras, no ayudan, sin embargo, mientras hemos visto en la reflexión sobre la difamación y la calumnia. Hay otra forma inútil que es particularmente intrigante.
Otro uso pecador del habla es el lleva y trae, una palabra de peso ligero para tal cosa de peso pesado. Esta es similar a la difamación, pero esta busca deshonrar una persona. Es similar a la difamación, para buscar destruir el buen nombre de otro, y hacerlo en secreto. Lo que hace esto peor de lo que es con aquellos que son amigos cercanos de la otra persona.
Esta golpea a lo que más necesitamos: amistad. Somos creados para la comunión, por lo tanto necesitamos esposa y familias, conocidos y asociados, y especialmente amigos. Necesitamos a aquellos que nos conocen bien, aquellos relacionados a nuestra vida personal, aquellos que nos ven en casa desabotonados, aquellos que nos dan un amor más incondicional. El lleva y trae se estrella en estas delicadas relaciones, y las aplasta de derecha e izquierda. Es el toro en la tienda china.
Maldito el murmurador y el mentiroso, dice el Libro de Siracide o Eclesiástico, porque han sido la ruina de muchos que vivían en paz (28:13). En efecto, él fue maldecido, este malévolo con veneno en sus labios, porque los amigos son mejores que el honor o el buen nombre. No podemos estar completos sin amigos. Sólo un verdadero hombre odioso, egoísta, pudiera repartir cuentos destinados a dividir amigos. Su motivación va más allá de nuestro entendimiento.
Entonces, podemos terminar donde comenzamos semanas atrás. Podemos terminar con San Pablo. No permitan que salga de vuestra boca ninguna palabra mala, sólo digan la cosas buenas que los hombres necesitan oír, para que imparta gracia a los que escuchan. (Efesios 4:29). “Sólo las cosas buenas.” Entonces, nuestras palabras también ayudarán, sanarán y ayudarán a otros a ser libres.
+ Obispo Ronald M. Gilmore