Lent: A school of faith and Christian life

March 13, 2011

Lent is a school of faith and Christian life, Pope Benedict said.  It is a place and a time for deep learning.  And what is taught there?  Nothing less than the deep things of our Faith.  Deep calls upon deep during Lent.
One of those deep things is Baptism, stirring to life in one who is already baptized.  Baptism gives Lent its special character.  The Sacrament frees us from sin, and makes us one with Christ, and with his Church.  In these waters, we die with Christ by dying to self.  In these waters, we rise with Christ by allowing ourselves to be lifted up by his Spirit.  
This is our Faith, but we risk losing it today.  We no longer recognize the meaning of Sin, and its scope, and its seriousness.  We no longer recognize that it is the very reason for Baptism.  We no longer recognize that it is the very reason for Lent.  
But our Catholic Spiritual Tradition goes so far as to say Sin is the only real evil.  We don’t like to hear that today.  We find it hard to accept that today.  It seems far-fetched to us.  It seems unreal.  
Physical evils we can grasp: the tornadoes, the floods, the earthquakes.  Moral evils we can grasp: envy, hatred, addictions, broken families, wars and violence of every kind.  We see these.  We are touched by these.  They are real to us.  They frighten us.  But ... sin?  Come on now.  
Ask yourself this, though: where do all these real evils come from?  In the beginning, the world God made and those who people it, all lived in harmony.  Sin slammed into the frame of that harmony, and wrenched it into something unworkable.  Sin broke our relationships: our relationship with God, our relationship with one another, and our relationship with the world.  Sin entered the world, and all evil (physical, moral, spiritual) followed in its wake.  This is our Faith.
That’s why we call mortal sin the only real evil.  When we sin we turn away from God, our real destiny.  When we sin we turn to one of his creatures, a companion only on our way to that destiny.  When we sin we invite all this disorder into our lives, and we spread it all around us.  We make a choice.  This very choice is what sin is.  We choose our own selfish satisfaction instead of him, our Creator and Redeemer.  We are responsible.
And so we suffer.  From estranged friends, from alienated families, from an abused creation, from social and political and economic systems that don’t really give what they promise.  And we suffer most from the mess we have made of our own lives.
Mortal Sin, the only real evil.   This is our Faith.

Cuaresma es  una escuela de fe y vida Cristiana, dijo el Papa Benedicto.   Es un lugar y un tiempo para aprendizaje profundo. Y ¿qué es lo que se enseña allí? Nada menos que las cosas profundas de nuestra Fe. Llamado profundo sobre lo profundo durante la Cuaresma.
Una de esas cosas profundas es el Bautismo, revolviendo a la vida en aquel que ya esta bautizado. El Bautismo le da a la Cuaresma su carácter especial. Los Sacramentos nos liberan del pecado, y nos hacen uno con Cristo, y con Cristo, y con su Iglesia. En estas aguas, morimos con Cristo renunciándose  a si mismo. En estas aguas, crecemos con Cristo permitiéndonos ser elevados por su Espíritu.
Esta es nuestra Fe, pero nos ariesgamos a perderla hoy. Ya no reconocemos el significado del Pecado, y su alcance y seriedad.  Ya no recocemos más cual es la mera razón para el Bautismo. Ya no reconocemos cuál es la mera razón para la Cuaresma. Pero nuestra Tradición Espiritual Católica va tan lejos como para decir que el Pecado es el único verdadero demonio.
Encontramos eso difícil de aceptarlo hoy.  Pareciera estar lejos de nosotros. Pareciera irreal.
Los males físicos que podemos mencionar:  los tornados, las inundaciones, los temblores. Los males morales que podemos mencionar:  la envidia, el odio, las adiciones, familias divididas, las guerras y violencia de todo tipo. Nosotros vemos estos. Somos tocados por estos. Ellos son reales ante nosotros. Ellos nos asustan. Pero….¿pecado?   Díganme.
Sin embargo, pregúntense a si mismo esto: ¿de dónde vienen todos estos verdaderos males?.  Al Principio, Dios creo al mundo y todas las personas que vivieron allí vivían en armonía.  El pecado se estrelló de plano ante el marco de esa armonía y se tornó en algo sin funcionar. El pecado rompió nuestras realciones: nuestra relacion con Dios, nuestra relación con el prójimo, y nuestra relación con el mundo. El pecado entró  almundo, y todo mal (físico, moral espiritual), lo siguieron en su despertar. Esta es nuestra Fe.
Es por ello que llamamos al pecado mortal, el verdadero pecado. Cuando pecamos nos alejamos de Dios, nuestro verdadero destino. Cuando pecamos nos tornamos hacia una de sus criaturas, y una sola compañia en nuestro camino hacia ese destino.  Cuando pecamos invitamos  todo este desorden a nuestras vidas, y lo propagamos alrededor de nosotros.  Hacemos una elección.  Esta verdadera elección es lo que es el pecado. Escogemos nuestra verdadera satisfaccion egoísta en vez de nuestro Creador y Redentor.  Somos responsables.
Y asi sufrimos. De nuestros amigos separados, de nuestras familias alineadas, de la abusada  creación, de los sistemas sociales, políticos y  ecónomicos que  realmente no brindan lo que ellos prometen, y sufrimos más por el caos que hemos causado en nuestras vidas.
Pecado Mortal. El único mal verdadero.   Esta es nuestra Fe.