Feb. 24, 2019

Observantia: Remembering Father Hilary

 On Feb. 12, we remembered Father Hilary Hernandez, who died on that date 63 years ago.  He was one of the legends of our diocesan history.

Born and ordained in Spain, he began working as a missionary in the Diocese of Monterey, Mexico in 1910.  The government was overthrown in 1911, and great unrest followed, and by 1914, it had turned into real persecution of the Church as properties were confiscated, and priests were killed. 

Father Hilary used to tell stories of those tenuous days in that sad year.  He was familiar with a school for boys in Monterey.  Despite its long years of good work,  the school was closed when things turned bad.

Many of the former students, boys now become men, had been in the habit of coming back to visit their old teachers.  They came back to do what you would expect: they visited, they shared a meal, they reminisced, they told the old stories, and they laughed.  Spirits were high on those occasions.  Observantia, our ancestors called it.  It speaks ill of us that we have no word for it in English.

What the Latin word meant was the respect we feel inwardly, and show outwardly, toward those persons who were distinguished by some office, in this case the office of teacher.  We are indebted to our teachers, and it is a debt we can never fully repay.  That’s why students return time and again: to thank their teachers with, and without, words. 

But in those dark days, the old students would break bread with their old teachers, Father Hilary said, and then rise up as soldiers in the Mexican Army to be in the firing squad when some of the priests were shot. 

Some observantia, that.

 

Observantia: Recordando al Padre Hilary

El 12 de febrero, recordamos al Padre Hilary Hernandez que murió en esa fecha hace sesenta y tres años.  Fue una de las leyendas de nuestra historia diocesana.

Nacido y ordenado en España, comenzó a trabajar como misionero en la Diócesis de Monterrey, México en 1910.  El gobierno fue derrocado en 1911, y a continuación se produjeron grandes disturbios, y para 1914, se había convertido en una verdadera persecución de la Iglesia, ya que se confiscaban propiedades y se asesinaba a los sacerdotes. 

El Padre Hilary solía contar historias de esos días frágiles de ese triste año.  Conocía una escuela para niños en Monterrey.  A pesar de sus largos años de buen trabajo, la escuela fue cerrada cuando las cosas se pusieron feas.

Muchos de los antiguos alumnos, que ahora son hombres mayores, tenían la costumbre de volver a visitar a sus antiguos maestros.  Volvían para hacer lo que uno esperaba: visitar, compartir una comida, recordar, contar viejas historias y reir.  Los ánimos estaban altos en esas ocasiones.  La observantia, lo llamaban nuestros antepasados.  Habla mal de nosotros que no tenemos ninguna palabra en español para esto.

Lo que la palabra latina significaba era el respeto que sentimos adentro, y mostramos hacia afuera, hacia aquellas personas que fueron distinguidas por algún cargo, en este caso el cargo de maestro.  Estamos en deuda con nuestros maestros, y es una deuda que nunca podremos pagar totalmente.  Por eso los alumnos vuelven una y otra vez: para agradecer a sus profesores con y sin palabras. 

Pero en esos días oscuros, los exalumnos compartían el pan con sus antiguos maestros, contaba el Padre Hilary, y luego se levantaban como soldados en el ejército mexicano para estar en el pelotón de fusilamiento cuando algunos de los sacerdotes eran fusilados. 

Algo de observantia, todo eso.