With all your heart

 Lent calls us to be “whole-hearted” in the way we relate to God.  This means to be “all-in” in the way we lift up our minds and hearts to Him … in the way we pray.

We don’t always pull that off, I’m afraid.  Busy priests with busy parishes often think they must pray less, if only to keep up.  Busy fathers and busy mothers with busy families often think the same thing.  In this all of them are wrong, if only because they have never been taught any better.  And they end up praying less, if at all.

Saint Francis de Sales used to say that you should have at least half an hour for personal prayer each day, unless you were busy.  THEN YOU SHOULD HAVE AT LEAST AN HOUR.  Our Christian tradition is quite clear on this: the more time you have to spend working in the world, the more time you need for personal prayer. 

Many of us take it for granted that contemplative prayer is for contemplative monks.  This is a lie.  We have come to accept it for several historical reasons, and so it is not our fault.  But it remains a lie nonetheless, and it will not get us where we need to go.

Contemplative prayer, not vocal prayer, not meditative prayer, is the perfect prayer for someone busily trying to live out his or her Christian life in the world.  You can’t recite prayers, you can’t meditate on God, when you are busy on the job site, or when you are busy carpooling children.  But you can contemplate because contemplative prayer does not depend on words, or images, or chains of reasoning. 

It depends on the same experience of the presence of the Father that Jesus continually felt in HIs life and work upon earth.  It depends on listening to the words He said about this, and on watching the things He did about this.  It depends on humble ... daily ...  ‘whole-hearted’ …  Imitation of Christ.  That, and nothing more.

 

Con todo tu corazón

La Cuaresma nos llama a ser «incondicionales» en la forma en que nos relacionamos con Dios.  Esto significa una entrega completa a la forma en que alzamos nuestras mentes y corazones a Él… a la forma en que oramos.

 Me temo que no siempre lo conseguimos.  Los sacerdotes ocupados con parroquias ocupadas a menudo piensan que deben rezar menos, aunque sólo sea para mantenerse al día.  Los padres ocupados y las madres ocupadas con familias ocupadas a menudo piensan lo mismo.  En esto todos están equivocados, aunque sólo sea porque nunca se les ha enseñado nada mejor.  Y terminan orando menos, si es que oran.

 San Francisco de Sales solía decir que deberíamos tener al menos media hora para la oración personal cada día, a menos que estuviéramos ocupado.  Y EN ESE CASO DEBERÍAMOS TENER AL MENOS UNA HORA.  Nuestra tradición cristiana es muy clara en esto: cuanto más tiempo tienes que pasar trabajando en el mundo, más tiempo necesitas para la oración personal.

 Muchos de nosotros damos por sentado que la oración contemplativa es para los monjes contemplativos.  Esto es una mentira.  Hemos llegado a aceptarlo por varias razones históricas, y por lo tanto no es nuestra culpa.  Pero sigue siendo una mentira, y no nos llevará a donde tenemos que ir.

 La oración contemplativa, no la vocal, no la meditativa, es la oración perfecta para alguien que trata de vivir su vida cristiana en el mundo.  No puedes recitar oraciones, no puedes meditar sobre Dios, cuando estás ocupado en el lugar de trabajo, o cuando estás ocupado llevando a los niños en tu coche a algún lado.  Pero puedes contemplar porque la oración contemplativa no depende de palabras, ni de imágenes, ni de cadenas de razonamiento.

 Depende de la misma experiencia de la presencia del Padre que Jesús sintió continuamente en su vida y trabajo en la tierra.  Depende de escuchar las palabras que dijo sobre esto, y de ver las cosas que hizo sobre esto.  Depende de la humildad… diariamente…  «de todo corazón» … Imitación de Cristo.  Eso, y nada más.