'We allow consensus to rule our lives'

We fancy ourselves broadminded and rational as we approach questions of the day.  But, as often as not, we think what everyone else thinks, and do what everyone else does.  As often as not, we don’t think at all.  We allow consensus to rule our lives.  Or, so thought Matt Ridley and Thomas Doran in a recent article.
The consensus is that racial, ethnic, gender, and sexual orientation “diversity” enriches our universities and our workplaces. Everyone knows this to be true today.   But where is the evidence that ethnic and sexual diversity leads to real diversity in thinking, attitude, or perspective?  Why do so many universities and so many workplaces refuse to accept any thinking not their own? 
The consensus is that the culture of sexual liberation has made us happier and more fulfilled.  Everyone knows this to be true today.  But why is there evidence of an explosion of sexual predation, abuse of women and children, and the increase of sexually transmitted diseases in the last 50 years?
The consensus is that violent and pornographic video games, films, and internet sites do not promote any acts of public mayhem.  Everyone knows this to be true today.  But why is there evidence that violent and abusive behavior has increased in recent generations, in parallel with the explosion of media that glorifies violence and recreational sex? 
What everyone knows to be true, what everyone accepts as common sense nowadays, is often no more than common nonsense. 
Consensus is as valid as the evidence that supports it.  If we are too lazy, or too star-struck, to consider evidence, then we can, and we will, be led like the cattle in our feedlots.   All the tablets and the smart phones and the approval of all the celebrities of all the world won’t help if we insist on chewing the cud of mere consensus.

Permitimos el consenso de gobernar nuestras vidas

Nos imaginamos de mentalidad abierta y racional en como acercamos a preguntas del día. Pero, muchas de las veces, pensamos lo que todos los demás piensas,  y hacemos lo que los demás hacen. Muchas de las veces, ni pensamos. Permitimos el consenso de gobernar nuestras vidas. O, por tanto pensó Matt Ridley y Thomas Doran en un artículo reciente.
El consenso consiste en que la “diversidad” racial, étnica, de género, y la orientación sexual enriquece nuestras universidades y nuestros lugares de trabajo. Todos saben que esto es verdad hoy. ¿Pero dónde está la evidencia que la diversidad étnica y sexual lleva  a la verdadera diversidad de pensamiento, actitud o perspectiva? ¿Por qué tantas universidades y tantos lugares de trabajo se niegan a aceptar cualquier pensamiento no su propio?
El consenso es que la cultura de liberación sexual nos ha hecho más felices y más plenos. Todos saben que esto es verdad hoy. ¿Pero por qué hay evidencia de una explosión de depredación sexual, el abuso de las mujeres y los niños y el aumento de enfermedades de transmisión sexual en los últimos cincuenta años?
El consenso es que los videojuegos, películas y sitios de internet, violentos y pornográficos no promueven ningún acto de desorden público. Todos saben que esto es verdad hoy. ¿Pero por qué hay evidencia que el comportamiento violento y abusivo ha aumentado en las últimas generaciones, en paralelo con la explosión de los medios, que glorifica la violencia y el sexo recreativo?
Lo que todos saben que es verdad, lo que todo el mundo acepta como sentido común hoy en día, no es más que un sentido común.
El consenso es válido como evidencia que la sustenta. Si somos demasiado flojos, o muy encandilados por las estrellas, para considerar la evidencia, entonces podemos, y lo seremos, dirigidos como el ganado en las nuestras engordas. Todas las tabletas y Smartphones y la aprobación de todos los famosos en todo el mundo no ayudaran si insistimos en rumiar el mero consenso.