He came to forgive us
Lent has come, and Lent has gone. Has it made any difference?
Not much, I fear.
Unless you have seen that Lent makes no sense without Sin. But that’s the very thing we don’t want to see, sin, and our sins. They are the source of all the ugly evil in our world. But we explain them away. We blame them away. We have lost the sense of sin, as Pope Pius XII said years ago.
What the Incarnation was all about, what Lent was all about, what Easter was all about, what Jesus came to do, and did, was to take away our sins. He came to forgive us. He came to heal us. He came to free us.
In these Lenten days, we have gazed without flinching at the Sign of the Cross. We have looked full on at this Sign of Death. This gazing, this looking, they have carried us to a deep point in the Mystery of our Faith. By his obedience, Jesus has undone the disobedience of Adam: has turned it right inside out, has soothed the sting of sin, which is menacing death.
In these Easter days, we are speechless at the sudden eruption of God’s grace that is the Resurrection. It is a new life, a tsunami of life, a divine life, that washes over us. It is a boundless sea rolling toward us, his own Pacific ocean of boundless life. Our sinning is taken away by his forgiving. And our forgiving is worked by his gracing. And his gracing is our freeing.
So, has it made any difference, this Lent, this slow turning of living, and sinning, and forgiving, and gracing that we call the Easter Mystery? Has it, really? May these Easter Days whisper this difference in your hearts.
Vino para perdonarnos
La Cuaresma ha venido, y la Cuaresma ha pasado. ¿Ha hecho alguna diferencia?
Temo que no mucho.
A menos que no has visto que la Cuaresma no tiene sentido sin el Pecado. Pero eso es precisamente lo que no queremos ver, el pecado, y nuestros pecados. Son la fuente de todo el mal feo de nuestro mundo. Pero los justificamos. Los culpamos. Hemos perdido el sentido del pecado, como el Papa Pío XII dijo hace años.
Lo que la Encarnación se trataba, lo que la Cuaresma se trataba, lo que la Pascua se trataba, lo que Jesús vino a hacer e hiso, era de quitar nuestros pecados. Vino para perdonarnos. Vino para sanarnos. Vino para liberarnos.
En estos días Cuaresmales, hemos mirado sin estremecernos en la Señal de la Cruz. Hemos observado en total al Signo de la Muerte. Esta mirada, esta búsqueda, nos han llevado a un punto profundo en el Misterio de nuestra Fe. Por su obediencia, Jesús ha deshecho la desobediencia de Adán: lo ha convertido bien adentro hacia afuera, ha calmado el aguijón del pecado, que es la muerte amenazante.
En estos días Pascuales, no hemos quedad sin palabras por súbita erupción de la gracia de Dios que es la Resurrección. Es una vida nueva, una vida divina, que nos lava. Es un inmenso mar rodando hacia nosotros, su proprio océano pacifico de vida sin límites. Nuestro pecar se quita por su perdón. Y nuestro perdón es trabajado por su dar de gracia. Y su dar de gracia es nuestra liberación.
¿Entonces, ha hecho alguna diferencia, esta Cuaresma, esta vuelta lenta de vida y de pecar y de perdonar y dar de gracia que llamamos el Misterio Pascual? ¿Lo ha hecho, de verdad? Que estos Días Pascuales susurre esta diferencia en sus corazones.